El aroma del castaño recién cortado y el sonido rítmico de la maza golpeando el fleje no son solo ruidos cotidianos en nuestro taller de Breceña; son el eco de una herencia que cumple cien años. Todo comenzó con la mirada atenta del bisabuelo Canor Llera, «Pachu el colorau», quien desde su puesto como bodeguero en el emblemático llagar de El Escanciador, entendió que el secreto de una gran sidra residía en el alma del recipiente. Aquellos antiguos peones no solo mantenían los toneles, sino que los mimaban con una devoción casi mística, sabiendo que de su sellado y limpieza dependía la prosperidad de toda una cosecha. Esa responsabilidad, que obligaba a los maestros a dormir en el llagar para vigilar cualquier fuga o eventualidad, es la base de nuestra filosofía actual.
La especialización en la tonelería de castaño es, sin duda, una de nuestras mayores señas de identidad y orgullo. Tras años en los que el roble francés pareció dominar el mercado, el castaño autóctono de las montañas de Asturias, Lugo y El Bierzo ha resurgido con una fuerza imparable gracias a sus propiedades únicas para la maduración. Esta madera permite que el vino y la sidra mantengan la pureza de la uva o la manzana, estabilizando el color y aportando taninos sin las interferencias de olores tostados excesivos. En nuestro taller huimos de recubrimientos artificiales como la parafina, apostando por un contacto directo que permite al líquido respirar y evolucionar de forma orgánica, tal y como dictan los cánones de la viticultura ecológica más exigente.
Sin embargo, la madera en Argüelles no solo sirve para albergar los mejores caldos de la península; también se convierte en el esqueleto de espacios arquitectónicos inolvidables. Nuestra faceta como carpintería de obra nos ha llevado a intervenir en lugares sagrados y civiles, desde la restauración minuciosa de retablos en las iglesias de Bayones o Villaviciosa hasta la creación de estructuras contemporáneas para viviendas particulares. Trabajamos con maderas duras y saneadas, seleccionadas con tal rigor que, como solemos decir con ironía a nuestros clientes, la polilla no tiene dientes para ellas. Cada viga, cada suelo y cada ventana que sale de nuestras manos está diseñada para ser una pieza heredable, un elemento que aporte calidez y distinción a cualquier estancia.
La versatilidad de nuestro oficio alcanza su punto más creativo en la tonelería decorativa, donde transformamos piezas centenarias en escenarios para la gastronomía. Hemos tenido el privilegio de crear comedores íntimos dentro de grandes toneles para sidrerías icónicas como Tierra Astur o la vasca Iretza, permitiendo que el comensal disfrute de una experiencia única rodeado de historia. Desde mesas laterales fabricadas con las cabezas de antiguos toneles hasta integraciones complejas como acuarios de mariscos en madera, demostramos que este material no conoce límites. Reciclar una pieza que ha servido durante décadas en una bodega para darle una nueva vida en el centro de un restaurante es nuestra forma de honrar el ciclo eterno del bosque.
Miramos al futuro con la ambición de quien sabe que la investigación es el único camino para mantener viva la tradición. En Argüelles no nos conformamos con lo aprendido; exploramos nuevas morfologías como los depósitos con forma de huevo, que optimizan la circulación natural del líquido, y experimentamos combinando distintas maderas como el cerezo o el pino para ofrecer matices inéditos a maestros cerveceros y licoristas. Ser los únicos en España en ofrecer soluciones de sellado con acero en grandes formatos es solo un ejemplo de cómo la técnica se pone al servicio de la calidad. Este blog nace con la intención de abrir las puertas de nuestro taller en Breceña y compartir con ustedes el día a día de un oficio que, un siglo después, sigue latiendo con la misma fuerza
